El mercado de abastos se nos presenta como uno de las muestras más significativas del Estilo Internacional en la provincia de Cádiz. Sin abandonar algunas de las características tradicionales en el diseño de mercados como son la elevación de parte de la cubierta para favorecer la iluminación y la ventilación o la disposición de los puestos en el paramento interior del inmueble, y que podíamos observar en el antiguo mercado, Fernando de la Cuadra proyecta un edificio de gran modernidad, tanto por su expresivo acabado formal como por su clara concepción funcional.
Uno de los aspectos más llamativos de su planta es la doble hilera de puestos de venta en uno de los laterales. Mientras que una de ellas da al interior del mercado, otra lo hace al exterior, a la calle Luís Braille. Rompe de esta forma cualquier atisbo de simetría y favorece el diálogo del edificio con el espacio que lo circunda, favoreciendo su inserción en el mismo. Por otra parte, para contrarrestar el predominio casi absoluto de la horizontalidad, acentuada por el grosor por las notables cubiertas, que pudiera incidir en la monotonía y la previsibilidad, De la Cuadra inserta la caseta transformadora y las torres de respiración, magníficos contrapuntos verticales.
Por último, al utilizar el ladrillo visto en las fachadas dota al mercado de cierta calidez, alejándolo de la supuesta frialdad racionalista.